El sacramento de la Unción confiere una gracia particular, que une más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por su bien y por el de toda la Iglesia, otorgándole fortaleza, paz, ánimo y también el perdón de los pecados. Además, este sacramento concede a veces, si Dios lo quiere, la recuperación de la salud física. En todo caso, esta Unción prepara al enfermo para pasar a la Casa del Padre.

La Unción de enfermos es el sacramento por el que Jesús, que sanó a tantos dolientes, se acerca hoy a los más necesitados de su fuerza y de su ayuda. Los enfermos son los que llevan la cruz más grande de la Iglesia, y, si la llevan con amor, son su fuerza más impresionante.

Todo aquel que desee recibir este sacramento a causa de una enfermedad grave o de una edad avanzada, o ante la proximidad de una operación importante, puede solicitarlo en el Despacho parroquial.

Además, tres veces al año –primer domingo de Adviento, Miércoles de Ceniza y Pentecostés– se tendrá una celebración comunitaria de la Unción de enfermos para las personas que cumplan dichas condiciones.

La Unción de enfermos en la Palabra de Dios:

«¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometidos pecados, le serán perdonados».

Santiago 5, 14-15

La Unción de enfermos en el Magisterio de la Iglesia:

«La unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez”».

Catecismo de la Iglesia Católica, 1514

La Unción de enfermos en los escritos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia:

«¡Yo tengo fe…! Por lo que, cuando mi cuerpo enfermo apercibe que las fuerzas se le acaban y que próximamente puede sobrevenirle la muerte, marchando por las fronteras de la eternidad a los portones suntuosos de la gloria para introducirme en la vida eterna; mi cuerpo jadeante, duramente dolorido, y mi espíritu lleno de gozo en el Espíritu Santo que me repleta de esperanza, recurre al Sacramento de la santa Unción, que tantas veces he recibido en mi vida, siempre quebrantada y llena de enfermedades; las cuales me ponen en situaciones tan dramáticas, entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte.
Yo tengo fe… Y por eso creo en el Sacramento de la santa Unción y experimento sus dones y frutos; el cual nos quita y nos purifica nuestros pecados, preparándonos para el encuentro definitivo con Dios, y fortaleciendo y confortando no sólo nuestra alma, sino también nuestro cuerpo, suavizando la enfermedad, incluso curándola si no hubiera llegado el momento definitivo del encuentro con Dios, y preparándonos para ese encuentro».

Yo tengo fe, Opúsculo nº 17,pp. 35-36
Colección: “Luz en la noche – El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”

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